Una estructura arquitectónica cerrada, espacios limitados en diálogo con figuras orgánicas: tiempo, espacio, repetición y variación son los elementos utilizados para desarrollar el concepto de esta serie. La espera, plasmada en los cuerpos descansando sobre los sillones, se vuelve espacio tridimensional, interior, secuencia de momentos en un tiempo lento, casi detenido, en que nada parece ocurrir.
Los cuerpos en repetición, pero en diferentes situaciones prefiguran un momento futuro, por venir. Se trata de un estadio de relajación activa, despierta, serena y expectante. Ella nos conduce a través de un pasillo, de una escalera; ascenso que no devela destino ni origen. Una casi cotidianeidad entra en relación con los pliegues de los cuerpos en espera, en tránsito, demorados; lo familiar, apenas modificado, se vuelve extraño.
Fragmentos de un recorrido que juegan entre la repetición y la variación de posturas, con un mínimo punto de tensión en la mirada, en el cuello, en una mano, en los dedos que están a punto de alcanzar lo que buscan, o se abren camino hacia otra instancia. Tensión que es acción y apunta a ese instante que está por llegar, que se espera, y se disfruta en la espera.
La decisión de proyectar secuencias de posturas corporales casi sin tensión ni contracción, cuerpos desnudos, expuestos está ligada al tiempo de la espera. Ella es quien espera, avanza, se detiene, sube, espera en un sillón, en el piso frío, se sienta en un escalón, mira hacia arriba, al frente, es testigo y acciona desde su propia espera. Diversos caminos y un recorrido, se es una y todas a la vez; son distintas y sigue siendo ella misma; son ellas, soy yo.
Espera y despertar.